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Capítulo 1: Cold Night.


Las noches de febrero son las más frías del año por aquí, desde siempre. Eso si que no cambia. Pero todo lo demás, poco a poco, no deja de cambiar. Hace dos meses, en este mismo bordillo en el que estoy sentado esperando el cambio de turno con estos dos pesados, que solo saben hablar de tetas y coches, me sentaba solo, con mi cigarrillo, pero todo lo demás, todo sigue igual. La misma melodía de motores, sirenas y cláxons, la idéntica sinfonía de personitas atareadas volviendo a casa, el rutinario baile de los basureros alzando los contenedores al son del pitido de la grúa vaciando los desperdicios, es reconfortante sentirse parte de esta aletargante canción que se repite todos los días.


Carla sale por la puerta abrochándose la cazadora,  se me acerca con la misma expresión estresada que suele tener últimamente y con un gesto me pide un cigarrillo.

- Ya me estoy hartando de esta mierda de curro, un día de estos lo voy a dejar y le van a dar mucho por culo al capullo de Gerardo. -Dice sin disimular su cabreo. Una frase que lleva años repitiendo, pero que no parece que vaya a cumplir. Toma una larga calada y sigue hablando, mirando fijamente al frente sin pestañear. - ¿Pues no que ahora es mi culpa que el paquete de ayer tuviera mal la dirección? Me cago en todo, si la gente no sabe escribir no es cosa mía.

Tras un largo silencio una estridente canción que viene del móvil de Santi saca a Carla de su ensimismamiento, y dirige su atención a la pareja de tarugos que se parten el culo de risa, probablemente con cualquier chorrada de Youtube.


- ¡Eh, ya está bien de hacer el gilipollas que luego el muerto me cae a mí! Dejad el móvil y tirad para adentro,  que esta noche tenemos muchas entregas, y no pienso echar ni 5 minutos extras. Hoy os quiero ver dejar la piel y no meter ni una vez la pata. Gerardo quiere que el lunes llevéis cada uno ya vuestra propia ruta, así que hoy Leo y yo sólo vamos a ir acompañando, pero las entregas y todo las hacéis vosotros, ¿Estamos?.

- Eso está tirao, yo por mi me iba ya solo, ¿A que sí Leo? - Asegura Diego ( “El Perchi” para los amigos) mientras se incorpora y se da unas palmaditas en el culo para limpiarse el polvo. - Ayer ya iba haciendo yo las entregas...

- Si, bueno, más o menos lo vas llevando ya - Dije interrumpiendo la historia de Diego mientras me levanto y apago la colilla con la bota. - Vamos, que ya llegamos tarde.


Tras de mí entraron los tres. Saludamos a Asun, la chica de la recepción, avanzamos por un breve pasillo y entramos en la tercera habitación, donde se encuentra Gerardo sentado en el tercer despacho situado cerca de la ventana justo a nuestra derecha. Casi sepultado por una montaña de formularios, sudoroso, con gafas de pasta y  unas entradas muy prominentes, no nos miró hasta que no estábamos encima suya.


- Hola, hace ya un rato que pasaron los diez minutos de cortesía ¿Sabéis? - Dijo cogiendo un par de carpetas y tendiéndonoslas a Carla y a mi, tan rudo como siempre. - A ver, creo que ya sabéis que la semana de “adaptación” termina hoy, así que espero que el lunes empecéis ya con las rutas E y F. .- Siguió con la explicación de la cuál no oí absolutamente nada, porque mis ojos estaban clavados en unas de las direcciones de la carpeta de Carla, se trataba de las señas de una de las más secretas casas francas del “Clan”, la que denominamos “El Almacén”, un lugar al que no podemos ir sin autorización y que no debe ser conocida por los humanos.


- Carla, déjame que mire tu ruta - Dije, extendiendo la mano y cogiendo su carpeta mientras ella asentía con la cabeza y me la entregaba. - Mira, tenéis una entrega tipo  “Alpha Business”, ésta todavía no la hemos hecho Diego y yo, ¿Te importa si te cambio la carpeta?

- Santi y yo tampoco, y no va a salir ninguna más antes de que empiecen ellos solos.- Repuso Carla.

- Id los cuatro, tenía pensado hacerlo así directamente, es una entrega sumamente delicada - Dijo Gerardo sacando un sobre grande sellado de un cajón e incorporándose. - Dentro de este sobre hay tres elementos importantes: Unas llaves, una tarjeta y una lista de códigos.- Explicaba mientras abría el sobre y depositaba ordenadamente el contenido sobre la mesa.- Las llaves abren la puerta trasera de la muralla del complejo, una vez entréis dentro hay una verja con un telefonillo al que debéis llamar, identificáos con el nombre de la empresa, allí os darán las indicaciones pertinentes para colocar los paquetes. El código y la tarjeta se utilizan para abrir la sala en la que van a ser almacenados. - Carla y los chicos se intercambiaban miradas de preocupación mientras Gerardo nos conducía al almacén y nos mostraba los paquetes, dos cubos de madera de uno cuarenta por uno cuarenta, y un tercer paquete que era una pequeña cámara frigorífica portátil  de un metro por ochenta centímetros.

Carla acercaba la furgoneta a la entrada, mientras Santi y Diego colocaban los paquetes grandes en una grúa y después los cargaban con cuidado en el interior del vehículo.

- Gerardo, ¿No va a venir nadie del departamento de seguridad? Este cargamento parece muy importante, y sólo nosotros puede ser peligroso... - Dije, acercándome al jefe y hablando en voz baja.

- No puede ser, el cliente hizo mucho hincapié en que fuésemos lo más discretos posibles y que fuera el mínimo personal necesario. - Respondía mientras hacía el gesto del dinero con los dedos. Cogió el sobre, lo dobló y me lo pasó mientras me daba unas, muy forzadas, palmaditas en el hombro. - Ya vais cuatro, no creo que tengáis ningún problema, confío en tí, eres nuestro “repartidor estrella”, no dejes que estos la caguen. - Continuó, poniéndose muy serio y con mirada claramente amenazadora. - ¡Eh vosotros dos, cuidado con los paquetes, afirmad bien los arneses y manteneos bien calladitos! Llámame cuando terminéis. Hasta luego. - Finalizó marchándose a paso ligero mientras se miraba el reloj.

-¡A la orden! - Respondió casi con guasa Santi, mientras metía junto con Diego el último paquete en la furgoneta. - Joder, esto pesa más que un muerto...

- Deja de quejarte y sujeta mejor por ese lado... -Dije, acercándome a ellos intentando no mostrar mi preocupación. - Pegad los dos cubos detrás de la cabina y asegurad los arneses, la “nevera portatil” es demasiado pequeña, así que tendréis que llevarla sujeta vosotros todo el trayecto. - Un débil rastro de olor a sangre procedía de la nevera, junto con un asfixiante hedor a lejía que me obligó a cubrirme la nariz, alguien se había tomado muchas molestias para eliminar la sangre. - Vosotros dos vais atrás con la carga, y Carla y yo en la cabina. Sobra decir que cuidéis del cargamento, ¿No? coged el Walkie y no dudéis en llamar si notáis algo raro, esta entrega es muy especial, y sobre todo, no salgáis del furgón a menos que yo lo diga, ¿Vale?.


Me senté en el asiento del conductor, arranqué y salimos rumbo a las afueras de la ciudad. Mi mente era un torbellino de ideas, esta entrega no era sospechosa solamente, sino que ponía en peligro a esos tres. El olor a sangre solo empeoraba las cosas, pero estaba dentro de lo que me podía esperar sabiendo para quién es, pero los otros dos cubos, ¿Que serían?. Hace mucho tiempo que estaba alejado de ese mundo, era muy fácil que no me hubiera enterado de algo importante.  ¿Y qué podía hacer? ¿A quién llamaría? Si exponía esa situación a quien no debía, podría meterme en un lío mucho más gordo... Estaba acorralado en una situación muy peligrosa. Yo solo quería un poco de tranquilidad, espacio, poder olvidar... Pero todo aquello sucedió tan rápido, si no hacía algo pronto...

En media hora a lo sumo estaríamos allí. Pensándolo bien, tampoco tenía por qué pasar nada, se notaba que habían sido muy cuidadosos, no pensaba que nadie sospechase de un camión de reparto humano, no se habrían arriesgado a darnos las llaves, contraseña y todo, si no hubiesen estado seguros de que no corrían peligro. Entre esos pensamientos nos montamos en el coche y nos pusimos en marcha.

- Eh, Leo, estas muy callado, ¿Pasa algo? - Me preguntó Carla.

- No... nada. Solo que tanta seguridad y tanto requisito con la entrega, y ni siquiera llevamos seguratas.

- Bah, no te preocupes, vamos cuatro, nunca ha pasado nada y no creo que hoy sea una excepción. - Aseguró Carla mientras buscaba una emisora de música en la radio.


Puede que Carla tuviera razón, y que hubiese entrado en pánico demasiado rápido. Es cierto que el peligro estaba ahí, sólo debía mantenerme alerta y terminar cuanto antes la entrega. Apenas faltaban 15 minutos para llegar, y no había notado ninguna irregularidad en el tráfico. Seguíamos avanzando por la circunvalación arropados por un leve pero incesante movimiento de coches. Si alguien hubiese querido intentar algo habría sido muy arriesgado allí. Aquella artificial tranquilidad inducida por el rock ochentero de Bon Jovi, que Carla siempre me hace escuchar, se esfumó al aproximarse al siguiente desvío, que nos alejaba de la segura autovía y nos conducía hacia una carretera secundaria que nos distanciaba poco a poco de la ciudad. Diez minutos de ese tramo y llegaríamos a nuestro destino, y ni un coche a la vista. Puede ser que solamente hubiera exagerado la situación y todo aquello terminara bien muy pronto.


Pocos metros después, a un lado de la carretera, pasamos un coche aparcado en el andén con un hombre sentado en el capó aparentemente fumándose un cigarrillo. En cualquier otra situación no le hubiese prestado atención pero, dadas las circunstancias, me puso totalmente alerta ante la posibilidad de que lo que me estaba temiendo pudiese realmente ocurrir. No tuve demasiado tiempo para pensar cuando oí el ensordecedor estruendo de un  acelerón detrás nuestra. Pude ver fugazmente la parte delantera de un trailer embistiendo la furgoneta.


El impacto nos impulsó hacia adelante e hizo tambalear la furgoneta, mientras Carla y los chicos entraban en pánico gritando por walkie, yo por mi parte intentaba que no nos estrellásemos. Estaba concentrado en que no nos despeñásemos por la ladera de la carretera, haciendo desesperadas maniobras para que tampoco arrollase a un coche que pasaba en ese momento por el carril contrario. Antes de que me diese cuenta, el tráiler había alcanzado la velocidad de la furgoneta y se encontraba a la altura de la cabina. Una mujer nos apuntaba con una escopeta, mientras el conductor, un africano enorme, gritaba:

- ¡Deteneos y entregadnos la mercancía, si os comportáis nadie saldrá herido!

En ese momento pisé el acelerador hasta el fondo con la esperanza de dejarlos atrás mientras gritaba:

- ¡Carla agachate! Llama a la policía, ¡Rapido! - Ni por un momento consideré el       entregarnos, solo un vistazo me reveló su condición vampírica, y a ellos la mía, lo cual lo complicaba todo. Yo sé que nunca se hacen rehenes humanos, es demasiado peligroso, así que está claro que harán lo que haga falta para conseguir nuestro cargamento. Si nos entregáramos solo les ahorraríamos trabajo, pero acabaríamos igual, incinerados en una cuneta. Y ahora que saben lo que soy, peor. No se van a contener nada, van a ir a matar directamente, y a mi me espera un destino peor: Ser rehén de cualquier organización de las sombras...


Carla gimoteaba buscando su móvil en el suelo. Mientras, oía los gritos de desconcierto de los dos chicos en el compartimento trasero, probablemente abollado, y dando tumbos contra las paredes. En unos segundos, adelantamos el camión y seguimos acelerando con la esperanza de dejarlos atrás. Si seguía así podría tomar el próximo desvío a la ciudad, si nos pudiésemos mezclar con el tráfico de la circunvalación podríamos salvarnos.


Un disparo me devolvió a la realidad. La furgoneta empezó a tambalearse y a dar tumbos en zig-zag. Rápidamente perdíamos velocidad y el trailer de nuevo nos dio caza. La tiradora en la ventana pegando a mí comenzó a dispararme, los cristales del parabrisas saltaron a la cabina, el salpicadero se llevó un par de balazos y yo recibí otros dos, uno en el costado y otro en el hombro.

Entre gritos Carla comenzó a hablar con emergencias: - ¡Socorro! Un...un tráiler nos está embistiendo... ¡Nos están disparando! -  El resto de la conversación casi no la recuerdo bien, pero el hecho que en medio de ese caos Carla tuvo que ponerse a dar indicaciones y datos, el oír su desesperación... me enfureció todavía más.


El tráiler comenzó a golpearnos e intentar empujarnos fuera de la carretera. La chica por la ventana trepó hasta el capó del vehículo e intentaba saltar a nuestra furgoneta. Nos encontrábamos al borde del arcén, rozando con los quitamiedos, y el camión seguía forzándonos a descarrilar. Totalmente pegados el uno con el otro, la mujer saltó a nuestro capó, se situó ágilmente sobre la cabina y comenzó a disparar desde arriba. Carla se llevó esta vez un par de balazos, y se quedó inconsciente. Yo me llevé otros tantos, aunque los anteriores habían comenzado ya a sanar, cinco balas eran ya un daño considerable. Una de ellas me había destrozado la oreja y la ceja me sangraba tanto que casi no podía ver con el ojo derecho.

Cambiando de táctica, la mujer se encaramó en mi ventanilla, rompió el cristal  y me apuntó directamente a la cabeza. En ese momento frené estrepitosamente, y con un fugaz movimiento le arrebaté el arma. Ella perdió el equilibrio y se precipitó contra el suelo. El frenazo me situó tras el camión y con una maniobra me coloqué al otro lado, él también frenó, pero en ese momento aceleré a tope y por la izquierda comencé a adelantarlo. Con la misma escopeta, apoyando la culata contra mi costado comencé a disparar al trailer aleatoriamente, y gracias a mi puta suerte conseguí darle al conductor, aunque no pude ver dónde. Me quedé sin balas rápidamente, pero parece que esas heridas o los daños que le hice al tráiler estaban haciéndole quedarse atrás.


Podía ver por el retrovisor al camión cada vez más lejos, por fin sentía que podíamos salir de esta, pero lo primero era llevar a Carla al hospital y poner a los chicos a salvo. Cogí el Walkie y dí instrucciones a Santi de llamar a urgencias, para que cuando llegásemos a la ciudad, que era lo más lejos que la furgoneta en esas condiciones prodría llegar, nos estuviese esperando una ambulancia. Ella había recibido una herida bastante fea en el costado y otra en la cadera. No podía pararme a socorrerla. Si perdíamos velocidad estaríamos al alcance del camión otra vez. La sangre fluyendo, el fragante aroma estaba intoxicandome, si me acercaba siquiera un paso no sabía si podría controlarme. Además las heridas me estaban empezando a pasar factura, y necesitaba reponerme cuanto antes.


A lo lejos en el horizonte se aproximaba un coche negro, parecía que se acercaba con normalidad hasta que giró de golpe y frenó en medio de la carretera. En ese momento un hombre se bajó del coche con mucha tranquilidad. Era el mismo coche que había pasado hace un rato aparcado en el arcén. Sin pensarmelo dos veces, me pegué al carril izquierdo y me preparé para embestir al coche. El hombre con infinita frialdad sacó un cigarrillo y se dispuso a encenderlo con un mechero. Aunque no lo oí pude imaginarme qué susurraba en silencio, al ver cómo las llamas del mechero comenzaron a crecer y envolver al brazo del hombre condensándose y repentinamente estallando en una enorme bola flamígera que se dirigía hasta mi posición.  


Hacía siglos que no veía una “Bola de Fuego”, una maravilla de la alta hechicería, con la misma capacidad destructiva que un bazoca o un misil. Pero al verlo, saber sus efectos era algo evidente. Intenté esquivarlo pero la poca distancia que quedaba entre la furgoneta y el misterioso sujeto hizo que la esfera flamígera impactase contra el suelo e incendiase parte de la rueda trasera del vehículo. La furgoneta, tras el impacto, se desestabilizó totalmente y se estampó contra el suelo, siendo arrastrada por la inercia fuera del arcén llevándose por delante los quitamiedos.  Aunque el cinturón de seguridad contuvo gran parte del golpe, no pudo evitar que terminase con la cara en el suelo quemada por el roce con el asfalto, y con Carla tirada sobre mi cuerpo.


La furgoneta estaba en llamas, y ni siquiera podía oír los gritos de Santi y Diego, lo que me hacía pensar que estarían inconscientes o muertos. En pocos minutos todos los esfuerzos de los últimos diez años se habían esfumado entre mis dedos junto con la vida de mis compañeros, y por primera vez en siglos la furia me cegaba y la sed de sangre desintegraba los restos de sentido común que pudiesen quedarme en ese momento. Si iba a morir, ellos vendrían conmigo al infierno suplicando antes de despedazarlos y devorar sus entrañas.


Hice acopio de las pocas energías que me quedaban, aparté a un lado a la agonizante Carla y salí de la furgoneta rápidamente. El panorama era desolador. Como imaginaba, la furgoneta estaba envuelta en llamas, pero, si realmente prestaba atención podía sentir los latidos de los corazones de los dos chicos. Un pequeño alivio. Pero antes, debería deshacerme del fuego y de esos cabrones. El camión se acercaba hasta el coche y se detuvo junto a él. De él salieron el conductor negro y la mujer seriamente herida, pero aún así, andando.


Respiré profundamente para recordar el conocimiento perdido. Llevé los dedos a la sangre de mi frente, y frotando mis manos con ella con un susurro comencé a invocar a los elementos. El viento empezó a azotar el polvo del suelo, a crear violentos remolinos. El cielo comenzó a rugir y una tempestuosa lluvia empezó a acribillar el suelo. El fuego se consumía bajo el chaparrón y el vapor que despedía se tornó en una débil neblina que iba inundando el suelo a nuestro alrededor.


Los del camión y el hombre del coche hablaron brevemente, y los dos primeros se acercaron al maletero del coche, donde habia una nevera portátil. De ella cogieron dos bolsas de sangre y comenzaron a alimentarse, mientras el tercero se acercaba tranquilamente fumándose su cigarro.

- Cuando me dijeron que sólo teníamos que quitarle unos paquetes a unos repartidores humanos, casi me negué ¿Sabes? Osea, era un desperdicio para alguien como yo....- Reía mientras se apartaba el pelo mojado de la cara y miraba entristecido como su cigarro se apagaba empapado.- Pero desde que apareciste tú, en serio, esto se ha convertido en algo mucho más divertido. - Se reía cada vez más sonoramente. Tiró el cigarro con desgana, pero sin detenerse, y se metió las manos en los bolsillos como si se estuviese paseando.- Pero tío, tu... tu me das pena, porque que alguien de los nuestros se haya rebajado a vivir con esos.. esos humanos.- Comenzó a reirse a carcajadas. - Es... Espera, y encima de repartidor... ¡Es demasiado!


Ya había llegado a mi altura. Se quedó enfrente de mí. Le echó un vistazo paisaje, mirándome de arriba abajo, examinándome con una sonrisa burlona. Se estaba divirtiendo realmente. Era un hombre de una edad entorno a los 30 y pico años, con el pelo castaño oscuro, largo por los hombros, con una camisa blanca a rayas color avena y un traje de chaqueta color gris oscuro, bastante bien vestido. Con unos zapatos con una pinta realmente cara, y haciendo gala de una actitud abiertamente arrogante. Comparado con él, yo tenía pinta de pordiosero, con el uniforme azul marino y caqui destrozado con balazos y lleno de sangre, la cara con una herida abierta desde la frente a la oreja izquierda, que por fin había parado de sangrar, y el otro lado de la cara sucio y negro por el asfalto. Y aunque al pringado que tenía enfrente le doblase la edad por lo menos, físicamente no aparentaba más de 20 años como mucho, con el pelo negro corto revuelto, empapado pegado a mi cara, tenía que tener una pinta realmente deplorable.


- Es increible que esos tres estén todavía vivos. - Dijo sacándose las manos de los bolsillos y empezando a aplaudir. - Gran trabajo, en serio, hay que reconocerlo. Pero inutil igualmente, si no la palman dentro de poco daremos buena cuenta de ellos, gracias. - Se giró, y llamó a los otros dos. - ¡Gayle, Serna, se acabó el descanso! Vamos a terminar ya con ésto. En fin, un placer hablar contigo...- Añadió volviéndose otra vez hacia mí. - Cuando lleve los paquetes a mis jefes, y encima a tí de trofeo, me llevaré una bonita recompensa. - Volvió a reirse. - Esa es otra cosa que te tengo que agradecer.


Tiré la chaqueta al suelo, y antes de darme cuenta ya tenía a los otros dos encima. Ya más de cerca pude ver lo realmente enorme que era el conductor africano, Gayle supongo. Con gafas de sol, a pesar de que era de noche. Rapado, con la calva y el resto del cuerpo (lo que se podía ver bajo la camiseta blanca de tirantes llena de sangre) lleno de tatuajes. Y  la mujer, Serna, pequeña en comparación con los otros dos, lucía un atuendo negro, presumiblemente militar, con un chaleco en el que llevaba cuatro dagas. Con botas de punta metálica y guantes sin dedos, y una muy buena forma física, tenía toda la pinta de ser una ex-militar especialista en combate cuerpo a cuerpo.


En el suelo, los charcos comenzaban a formarse bajo nuestros pies, y el agua había calado ya hasta la última de las prendas que nos envolvían. Podía sentir el recorrido de cada una de las gotas que surcaban la piel de mis contrincantes.

- ¿Que le pasa a éste? de repente se ha quedado ahí parado... ¿Que le has dicho, Alejandro? - Preguntó Gayle al bocazas pijo mientras soltaba en el suelo una bolsa de viaje de considerable tamaño.

- Nada, nada. Es solo que tiene que estar acojonado o medio muerto, lo mismo es. Coge los cajones y cárgalos en el camión, estoy harto de... - No pudo terminar la frase cuando inspirando profundamente y con una simple palabra comandé al agua su primera tarea. -¡Aqua-dounum! - Exclamé, y una potente onda impactó sobre los tres lanzándolos varios metros atrás contra el asfalto. En ese preciso momento comenzó la cuenta atrás, en menos de 5 minutos utilizando la magia agotaría todas las reservas, o quizás antes. Con dos conjuros más estaría acabado. Si con dos conjuros más podía derrotarlos, aún habría esperanza.

Con la máxima velocidad de la que disponía, abatí de una patada a Gayle, el primero en incorporarse, que lo devolvió al suelo. Sin detenerme corrí hacia la chica y hundí el talón en sus costillas de un violento pisotón y señalando a Alejandro grité  -¡Pluvia-ciclum epsortem!- Y del suelo empezaron a formarse remolinos de agua y barro que envolvían el cuerpo del sujeto, hasta absorberlo completamente en un torbellino que ascendía cuatro metros. Si fuese humano, en un minuto sin respiración estaría acabado, pero para un vampiro debía de ser mucho más tiempo para conseguir que el agua penetrase en su cuerpo y ensuciase la sangre lo suficiente como para dejarlo K.O. o, al menos, debilitarlo. Aún así servía a mis propósitos. Con uno menos, el más peligroso de los tres, fuera de combate, la situación se simplificaba mucho.


Con suerte me quedaba un conjuro más, y mis puños, para deshacerme de los dos que restaban. Sumamente agotado me puse en guardia, ya que al haber conjurado el hechizo le dio oportunidad a Gayle de levantarse. Se aproximaba quitándose las gafas de sol con gesto desafiante, exponiendo sus llamativos ojos verdes. Tras escupir al suelo cargó contra mí con el puño alzado estilo boxeo. Era obvia la dirección del puñetazo y lo esquivé con facilidad para encontrarme con un codazo en toda la sien, que me hizo perder el equilibrio. Después de ese, otro puñetazo en las costillas, que sí que pude esquivar, pero que me puso en una mala posición al haberse añadido al combate Serna, a la que había dejado libre durante la lucha. Retrocedí varios pasos y tomé una postura defensiva, estaba dispuesto a luchar hasta el final y reservar ese último conjuro.  Esperaba que me enfrentasen ambos, pero en vez de eso, se detuvieron a planear el ataque.

- Tu coge esos cajones, yo me encargo de él. Parece que ya no le queda más magia. - Dijo por primera vez Serna mientras sacaba dos de las dagas de su chaleco y avanzaba hacia mí. - Yo sola me basto. Ya está bien de juegos, en menos de un minuto éste no será más que  un saco de carne. - Terminó amenazándome cara a cara, adoptando una pose combativa con los dos puños delante de la cara y los cuchillos hacia abajo.


Gayle hizo caso a su compañera, se alejó de mí y cogiendo la bolsa se encaminó hacia la furgoneta. En ese preciso momento, al mirar hacia la camioneta, percibí el leve sonido de algo arrastrándose. Prestando mucha más atención pude claramente escuchar la respiración entrecortada y el acelerado latido del corazón de la única persona que podría encontrarse ahí, Carla. El pánico se apoderó de mí. Si yo a esa distancia podía oírlo, Gayle que se estaba acercando más, seguramente también. En ese momento cerca de la furgoneta él se estaba agachando. Abriendo la bolsa en el suelo, se dispuso a sacar una sierra eléctrica.

- ¡Eh, parece que queda uno vivo! -Anunció al incorporarse.

- ¿Dónde miras, estúpido? ¡Yo estoy aquí! -Rugió Serna, asestando el primer golpe con el cuchillo y otro muy seguido dirigidos hábilmente a las heridas abiertas que me quedaban.

Estaba con todos mis sentidos puestos en la furgoneta, así que, aunque esquivé el golpe, me llevé un corte en la mejilla. Para alejarme de ella hice una forzada pirueta hacia atrás y dos volteretas para poder usar mi último recurso.

- ¡Aqua-ferrum! -Sentencié, señalando hacia Gayle. Del suelo el agua empezó a envolver su cuerpo y a cristalizarse rápidamente cubriéndolo hasta la cabeza. Lo inmovilizó en una extraña postura girado hacia atrás, con la sierra sujeta entre ambas manos. Dos dagas volaron hacia mí y se incrustaron en el hombro derecho y en el pecho, sin posibilidad alguna de esquivarlas. Ese último conjuro había consumido casi toda la energía que me quedaba y súbitamente el agotamiento me dejó fuera de combate. Reculé hacia atrás apoyando la rodilla contra el suelo cuando Serna se abalanzó sobre mí. No pude más que escapar, esquivar sus ataques e intentar recuperarme. Al menos conseguí deshacerme de los cuchillos.

- Aunque solo quede yo, va a ser un placer mutilar tu cadáver. Luego me voy a dar un festín con tus amiguitos. - Amenazaba asestándome peligrosos golpes, de los que conseguía zafarme a duras penas recibiendo cortes superficiales en los brazos.


La lluvia comenzaba a remitir y con ella los efectos de mis conjuros. Tenía que terminar con aquello cuanto antes. Con las propias dagas de Serna me defendía, filo contra filo. Aunque ella tenía más experiencia, conseguí hacerle varios cortes. Entonces empecé a flaquear y dejé que me asestara un buen tajo, solo para en ese momento apresarla y con las últimas fuerzas que me quedaban hincarle los colmillos en la yugular. La sangre espesa y ácida de un vampiro era incomparable a la humana, mucho más intensa, mucho más pura y evocaba recuerdos y vivencias del vampiro huésped. El frenesí hizo presa de mi razocinio y con la avidez de un hambriento moribundo, absorví agónicamente la vitae de Serna, perdiendo todo contacto con la realidad.


Mientras tanto el remolino de agua se estaba deshaciendo, y libre por fin y vomitando angustiosamente el barro de su interior, Alejandro, arrastrandose por el fango, alcanzó su mechero y encendiéndolo conjuró otra mortal bola de fuego. El impacto me fulminó mientras me alimentaba, carbonizándonos casi instantáneamente a lo que quedaba de Serna y a mí.

La leve llovizna apagó el fuego de mi chamuscado cuerpo que cayó inerte sobre el suelo, y conmigo fuera de combate, el hielo se derritió y Gayle quedó libre. Y eso, la visión borrosa de Gayle poniendo en marcha la sierra eléctrica, fue lo último que recuerdo de esa escena.



Cuando recobré la consciencia me encontraba en una camilla, en la abarrotada sala de espera del hospital. Una enfermera muy preocupada, hablaba muy bajito pero con una voz muy aguda a otra. La primera tenía aspecto de ser novata y la otra, muy morena y bastante gorda, con unos 40 años, tenía pinta de ser la enfermera jefe de planta.

- Es imposible, en serio. Cuando entró tenía quemaduras de tercer grado por todo el cuerpo, no le quedaba ni rastro de piel y ni siquiera respiraba... - Se quejaba muy asustada, evitando mirarme. - Pero han pasado sólo 10 minutos y está recuperando la piel a un ritmo escalofriante, incluso el pelo le ha empezado a crecer... ¡Aún así cuando le hago las pruebas me sale negativo en todo!

- Tranquilízate, ya he visto un par de casos como éste. Tráete cinco bolsas de sangre, del tipo que más cantidad haya en la nevera, y da el aviso en recepción de que contacten con la policía. Asegúrate de que se especifique que es un código V5, ¿Entendido? - Dijo sin pestañear quitando el informe de la cama. La chica asintió y se fue inmediatamente. La enfermera se inclinó sobre mí, me abrió un ojo con los dedos y con una pequeña linterna probó mis reflejos. - ¿Está despierto?.

- Sí, por ahora... -Respondí trabajosamente.

- Voy a llevarle a una sala privada, así que coopere. - Dijo sacando del armario una jeringuilla con un líquido azul intenso. - Ya sabe lo que es, ¿No? No quiero tener que usarlo. En unos momentos vendrán a recogerle. -Concluyó dirigiéndose a un celador, e indicándole que me trasladase a la planta 3 ala B. En cuanto volvió la otra enfermera con las bolsas, me inyectaron una y me llevaron a una habitación en el ala de enfermos terminales, que es lo que me pareció al ver solamente ancianos decrépitos en las demás habitaciones.


- Perdona... - Dije por fin antes de que se fuese la enfermera.- ¿Llegó alguien más conmigo del accidente en la carretera?

- Si, dos hombres jóvenes, y una mujer con heridas de bala. Uno de ellos, además de múltiples contursiones, murió desangrado. - Dijo con una mirada muy fría desde la puerta. - El otro tiene varios huesos fracturados y una conmoción cerebral, se encuentra inconsciente y bastante grave ahora mismo. La mujer está siendo intervenida de las heridas de bala y ha perdido mucha sangre, todo depende de su recuperación. - Ya de espaldas antes de irse, terminó diciendo. - Ustedes son un peligro andante, váyase cuanto antes.


Junto a la mesa al irse dejaron las bolsas de sangre, un mono de esos autodesechables, y unas babuchas. Dejaron cerrada la puerta con llave, y a un celador de tamaño de un cuatro por cuatro, sentado en una silla diminuta en comparación con su obeso cuerpo. Di buena cuenta de la sangre y en unos veinte minutos ya casi me había recuperado totalmente. Físicamente me sentía bien pero mentalmente estaba bastante aturdido. Intermitentemente sufría fugaces visiones de lugares que nunca había visto, personas que no conocía, olores desconocidos... Poco a poco, la sangre de Serna que llenaba mi cuerpo iba mostrando sus efectos secundarios. Sus recuerdos estaban mezclándose con los míos, granjeándome una desagradable jaqueca. Ya sabía que eventualmente desaparecería, pero al menos durante unos días, sería bastante incómodo.


Una hora después, dos hombres trajeados entraron por la puerta. Uno de ellos un viejo conocido mío al que realmente no me apetecía nada ver.

- Hola. Cuanto tiempo... ¿No? - Dijo mientras se quitaba un sombrero tipo gangster que llevaba siempre desde que se pusieron de moda, hace Dios sabe cuánto tiempo.- ¿Diez años? Con lo mosquita muerta que aparentas ser, ¿Hum? Pues, con todo el rollo ese de integrarse y ser normal ya me imaginaba yo que no traerías más que problemas.- Continuó mientras se quitaba también la chaqueta y la apoyaba en la cama.

Siempre me había caído mal esa falsa sonrisa suya, y la manera en que habla punzantemente con la mayor naturalidad del mundo. Aparentaba casi cuarenta años, tenía el pelo rubio, corto y descuidado, gafas de pega para hacerse el interesante y unos ojos grises que delataban su origen inglés. Muchos lo describían como “un vampiro con pinta de humano”, lo que lo convertía en un objetivo a evitar. A diferencia de la mayoría de vampiros, que viven según sus deseos sin plantearse mucho el futuro, libres como el viento, de fiesta en fiesta, Benjamin Gilbert Jones III siempre andaba maquinando algo. Con él uno debe andarse con cuidado, tiene contactos con las altas esferas vampíricas y negocios con humanos importantes. Hay demasiada gente que le debe favores... Es de esas personas que sabes que no tiene enemigos, porque nadie se atrevería a levantarle un dedo. Pero no es un mafioso, no. Él trafica con información. Algo que sí que he aprendido con los años es que no trabaja solo, pero nadie sabe para quién. Y aquí está, como agente del gobierno del AMV (Agencia de Mediación Vampírica), acompañado del inspector de policía de turno. Un hombre de mediana edad, moreno, con un bigote espeso y el pelo muy corto rizado negro, con mirada aburrida.

- Leo, éste es el inspector Ignacio Fuentes.- Introdujo con un breve gesto.

- Buenas noches.- Saludó, muy serio Ignacio.

- Buenas noches, encantado. - Respondí quedamente.

- Como imaginarás, tenemos que hacerte varias preguntas sobre el “accidente”- Señaló Benjamin con un ligero rintintín. - En el que te has visto envuelto en la carretera, y nos aclares como han casi muerto tres personas. A parte de desaparecer el cargamento que transportabais.

- Póngase esto y acompáñenos a la comisaría -Dijo Ignacio mientras sacaba del maletín un mono de trabajo gris y una gorra.

- Esta bien, pero antes me gustaría ver como se encuentran las personas que trajeron conmigo.

- No será posible, uno de ellos está ya muerto, y los otros dos en cuidados intensivos. Ya podrás verlos cuando estén bien. - Repuso interrumpiéndome Benjamin.


Me puse el mono y los acompañé a la comisaría tal y como me indicaron. Fuimos en silencio, escuchando las noticias en la radio.


Una vez en la comisaría central de policía, entramos por la puerta trasera y bajamos al segundo sótano, donde todas las salas están reforzadas e insonorizadas a conciencia. Ignacio se despidió dejándome en manos de Ben quien me condujo a  una habitación pequeña parecida a una cafetería, con una nevera, una cafetera, microondas y utensilios varios, con un cartel que ponía: “Sala de fumadores”. Nos sentamos frente a frente. Sólo Ben y yo, en silencio, durante unos instantes, mientras él se fumaba un cigarro hojeando el informe policial.

- Parece ser que te has visto envuelto en algo bastante peligroso... - Reconoció mientras daba una larga calada. - Ahora cuéntame con todo detalle lo que pasó, a ver que puedes recordar que sea de utilidad.

En unos minutos le resumí lo más detalladamente posible lo que horas antes había pasado, intentando explicar de manera objetiva los hechos, evitando propias observaciones.


Tras un breve silencio, Ben comenzó a preguntarme.

- ¿Puedes recordar si llevaban algún tipo de uniforme o símbolo, que nos pueda dar una pista de para quién trabajaban?

- Cada uno de ellos vestía diferente. Uno, trajeado, otro casi como un pandillero, y la mujer iba con ropa militar de combate... Pero no llevaban nada que los pudiese relacionar con ningún grupo.

- Por lo que se ve, debía ser alguna mercancía muy valiosa si se arriesgaron a enfrentarse a los humanos. Si no llegas a estar allí, nadie se habría enterado de nada. - Reconocía mientras se incorporaba y abría la nevera.- ¿Te apetece un trago? No tengo mucho donde elegir, pero éstas son de primera calidad, no como la bazofia adulterada que te dan en el hospital. - Decía enseñándome las bolsas de sangre que tenía en un cajón de la nevera, y, haciendo caso omiso de mi respuesta negativa cogió dos de ellas y las puso en el microondas.

- Pero me sorprende que hayas podido con los tres en tu estado. - Continuaba pocos segundos después tendiéndome una bolsa templada. - ¿Cuánto llevabas sin alimentarte, dos, tres meses? Y seguro que sería cualquier sucedáneo animal... Ya ves lo que pasa por ser un blandengue y compadecerse de los humanos, si estuvieras en condiciones esos “yogurines” no hubiesen tenido ni una oportunidad contigo y tus amiguitos humanos estarían a salvo. ¿No te parece gracioso? - Dijo tras una pausa, dibujando una sarcástica sonrisa y mordiendo la bolsa.

- Ya sabes qué motivos me llevan a eso, no lo hago por gusto. - Repuse estrujando la bolsa entre mis manos. - La sangre humana ya no me llena como antes, no me siento satisfecho. No importa cuanta beba... hoy me he bebido ya cinco de éstas, y esta es la sexta. - Mortalmente serio miré a los ojos a Benjamin. - Ya sabes a qué me refiero, dentro de dieciséis años tendré 700... Y no solo me he bebido esas bolsas, también a la mujer guerrera que me asaltó. - Continué incorporándome y soltando la sangre en la mesa, enfrentando cara a cara la mirada de Ben. - ¿Tú te ofrecerías a alimentarme?


Tras un incómodo silencio, me volví hacia la puerta y terminé diciendo:

- Si recuerdo algo de esta mujer, te llamaré. Si tú descubres algo, me llamas también...

- Sabes que no puedo hacer eso, esto es un asunto de la policía y no deberías meterte.

- Me da igual lo que digas, me voy a encargar de esto yo, y si te metes, no creas que me voy a contener. - Amenacé, volviéndome ligeramente. - Y me da igual que el Clan, o qué Organización Vampírica, humana, o quien sea Ésto no se va a quedar así.

- Leo, ten cuidado. - Respodió con mirada grave- Si te metes con los de arriba, da igual lo viejo o poderoso que seas, te despacharán como si nada. Y sobre todo no te involucres con los magos, esos son más peligrosos todavía. Por lo que sé tampoco nos tienen mucho cariño.


Sin siquiera responder, e ignorando sus últimas advertencias, continué andando hasta la puerta y me fui sin despedirme.


Los Secretos del Agua. Capitulo 1: Cold Night.
Este es el primer capítulo del relato que estoy escribiendo, Los Secretos del Agua. En él se cuenta la historia de Leo, un vampiro, y Sofía una humana maga. Ambos narran sus propias vivencias en capítulos separados: los que se titulan Night son los contados por Leo, y los que terminan en Days los que cuenta Sofía.

En este capítulo conoceremos a Leo y a su mundo junto con los sucesos que darán comienzo a toda la trama y que cambiarán su vida para siempre.
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Hola, soy una española de 26 años, me gusta dibujar y frikear en general...
Ultimamente tengo muchos proyectos entre manos, y no solo comics, que es lo que más me gusta hacer!

Fanzine: karmacomics.com/
Es un fanzine online en el que colaboran muchos artistas noveles publicando sus mangas, no solo españoles sino también bastantes hipanoamericanos. Invito a todo el que tenga ganas de publicar sus trabajos a compartirlos en el foro, ya que serán publicados en el siguiente numero del fanzine, y mostrados no slo online sino en salones de manga y demás eventos...

Mi blog: www.pelusamilenaria.com/

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Loida Caballero
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Diplomada en Magisterio y astista aficionada.

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:iconwearejet:
WeAreJet Featured By Owner Mar 12, 2012  Student General Artist
Hola!! Somos We Are JET del fanzine ;)
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:iconladyroadx:
LadyRoadx Featured By Owner Mar 14, 2012
Hola que tal!! xDD
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:iconpetalomam:
PetaloMaM Featured By Owner Dec 6, 2011
Muy chulo el blog
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:iconladyroadx:
LadyRoadx Featured By Owner Dec 6, 2011
Gracias!!!
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:iconyangtuzhi:
YangTuZhi Featured By Owner Oct 9, 2011  Hobbyist Interface Designer
thanks for the fav :3
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:iconaiisafiitrii:
Aiisafiitrii Featured By Owner Oct 7, 2011
Thanks for the fav =D
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:iconalivetoelectric:
alivetoelectric Featured By Owner Oct 2, 2011  Student Filmographer
thanks for the fav on [link]
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:iconriz--chan:
Riz--cHaN Featured By Owner Sep 7, 2011  Hobbyist General Artist
WELCOME TO dA >.<
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